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Hoy hablamos de esas relaciones de idas y venidas.

Son esas relaciones de ni contigo ni sin ti.

Relaciones en las que nos preguntamos día sí y día también ¿te dejo ir? ¿o sigo luchando un poco más?

Un día te sientes con fuerza y decides salir de esa relación inestable.

Pero al día siguiente el miedo, la incertidumbre, la soledad… te invaden y te paralizan.

Y entonces decides DAR MÁS.

Y a medida que das MÁS te encuentras con MENOS.

Te encuentras con ese ahora sí, ahora no.

Con ese «tira y afloja».

Este es el caldo de cultivo de una relación en la que vamos a sentir ansiedad no correspondida.

Ese refuerzo intermitente nos va volviendo más adictas. Y nos lleva a sufrir el síndrome del inversionista.

Como cuando tienes una empresa e inviertes mucho dinero y tiempo, y acabas en números rojos.

Entonces te cuesta renunciar, y para ver si la salvas, inviertes más dinero y los números rojos aumentan.

Cada vez va siendo más lo invertido, y mayor la pérdida, y mayor el apego.

Te sientes como en un callejón sin salida, que hagas lo que hagas va a doler y mucho.

Y es verdad, va a doler. Pero te garantizo que hay una opción menos dolorosa que otra.

La opción menos dolorosa es elegirte a ti.

Porque en este tipo de relaciones no elegimos, sino que hacemos todo lo posible por ser elegidas.

Es tan grande el miedo al rechazo o al abandono que para evitarlo hacemos todo lo posible por complacer a la otra persona, olvidándonos de nosotras mismas.

Te eliges a ti cuando te quedas en una relación en la cual:

  • Sientes calma de fondo (no ansiedad).
  • Puedes expresar aquello que te incomoda y te hace sentir mal (sin miedo a perder el amor del otro).
  • Sientes que la otra persona te escucha y te comprende (tus necesidades importan igual que las suyas).

Aferrarte a una relación con idas y venidas es como aferrarte a una taza desportillada.

«Con la esperanza de que la porcelana —o la pasión— puedan regenerarse y en algún momento la taza vuelva a ser una taza y la relación vuelva a ser una relación…

Una taza desportillada, por mucho que peguemos los pedacitos, siempre será una taza desportillada: remendada, cutre y hasta peligrosa.

Está permitido guardarla en una vitrina con los recuerdos solo si en tiempos perteneció a una abuela muy querida.

Pero está prohibido utilizarla. Se volverá a romper, el café tendrá sabor extraño a pegamento y su contacto nos hará sangrar los labios… » (texto del libro «Me cuesta tanto olvidarte» de Mariela Michelena).

Tomar la decisión de separarse es difícil. Por eso, muchas personas siguen aferradas a relaciones destructivas o a no relaciones. No se atreven a dar el paso.

Y es que después de la separación, queda por delante el trabajo del duelo.

Y si, transitar un duelo amoroso no es fácil, pero merece la pena.

Elaborar un duelo consciente no sólo te permite pasar página y ser feliz sin esa relación, también te va a permitir colocarte en otro lugar en tus próximas relaciones afectivas. 

Un lugar donde no predomina el miedo a que esa relación termine porque ya sabes que tienes herramientas y recursos para superar cualquier duelo.

Un lugar en el que tú eliges. Te eliges a ti. Y eliges al otro (tú al otro).

Si quieres que te acompañe a pasar página y elegirte a ti en tus próximas relaciones, reserva una sesión de valoración gratuita conmigo en donde vamos a conocernos y ver juntas si Programa LOA es para ti.

También te dejo por aquí la entrevista que me hicieron en Sobran las palabras Podcast por si todavía no la has visto, en la que hablamos de relaciones de pareja, relaciones de «no sé sabe que somos», hablamos de tipos de apegos y sus trampas, y de la prueba del algodón para saber si estamos en la relación equivocada.

Con amor

Laura