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Una parte del malestar que estás experimentando ahora mismo, es tu dolor. Un dolor inevitable, consecuencia de lo que has perdido. No puedes ni debes negarlo.

Otra parte de ese malestar se debe al sufrimiento que añades con determinados pensamientos distorsionados que magnifican tu dolor. Esto sí es evitable.

Y de esta segunda parte vamos a ocuparnos, porque hay conductas que estás llevando a cabo, inconscientemente, que pueden estar haciéndote más dura tu recuperación, e incluso interfiriendo en ella.

El tiempo «desperdiciativo»

Puestos a torturarnos, somos muy creativas. No tenemos un único látigo, ni una sola manera de martirizarnos. Uno de los métodos mas socorridos es el «pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo», una denominación muy rimbombante para una práctica tan estéril.

Prefiero sumarme a las voces que lo definen como el «tiempo desperdiciativo». Es muy frecuente que tras una ruptura de pareja acompañemos el dolor de la pérdida con la tortura del: «Si yo hubiera…», «Si él hubiera…», «Hubiéramos tenido que…».

No hay duda, perdemos, desperdiciamos nuestro tiempo (no solo el verbal) mortificándonos por lo que pudo haber sido y no fue.

Entramos en el «Y si…», «Y si…», «Y si…» que nos hace sentir culpables por lo que hicimos, por lo que no hicimos, por lo que teníamos que haber hecho, por lo que no teníamos que permitir.

Y la verdad es que cualquier cosa hubiera dado igual. Con esa relación, con esa persona, no había nada que hacer, y saber eso te deja mucho más tranquila.

Hacer esa toma de realidad es una forma de salir de ese círculo estéril y vicioso del tiempo «desperdiciativo». Cualquier cosa que hubieras hecho daba igual…

El olvido…

Al final, aunque nos parezca mentira, olvidar es posible. Llega un momento en el que el otro deja de ejercer control sobre nosotras y sobre nuestra vida.

Como si el mando a distancia desde el que nos manejaban hubiera quedado desactivado para siempre; da igual lo que el otro diga o haga con su vida, que nada nos conmueve, ni nos preocupa y, lo que es mejor, ¡nada nos hace sufrir!

Así me contaba Paula lo que sentía —¡o lo que ya no sentía!— respecto a Antonio:

«Ya no me toca nada de lo que tiene que ver con Antonio. Él sigue en su línea, pero soy yo la que ha cambiado de lugar. Es como si yo hubiera abandonado el escenario que compartíamos y me hubiera ido a un escenario distinto, en el que Antonio no tiene ningún papel.»

La máxima libertad posible, la máxima dignidad, consiste en hacernos dueñas del escenario que pisamos, dueñas del papel que representamos.

A veces, parece que el cambio de escenario ocurre de un día para otro, pero siempre es el resultado de un trabajo emocional que ha llevado su esfuerzo y su tiempo y que ¡por supuesto! vale muchísimo la pena realizar.

Nunca más aceptaremos un papel con el que no estemos de acuerdo; de ahora en adelante, el guión y el casting corren de nuestra cuenta.

[Textos del libro Me cuesta tanto olvidarte, de Mariela Michelena]

Si quieres hacer ese cambio de escenario, si quieres hacer ese trabajo emocional para elaborar tu duelo y hacerte dueña de tu vida, agenda una sesión de valoración gratuita conmigo y así juntas podremos valorar si Programa LOA es para ti.

Con amor

Laura